sábado, 7 de marzo de 2009

¿QUIERES SER MILLONARIO?...HAZTE CONSEJERO

Empiezo por confesarles que había decidido que este blog de viernes fuera un poco más relajado. Tantas noticias duras, que si ejecuciones al por mayor y en record histórico, que si el agravamiento de la crisis y el desempleo en niveles alarmantes, que si el dólar arriba de los 15 y la inflación que se empieza a disparar, habían hecho que pensara en dejar, por un momento, a un lado la política y los asuntos de la grilla nacional, para que conversáramos y debatiéramos en este espacio sobre la cinta Indo-británica que sorprendió a Hollywood y al mundo al arrasar con los “oscares”.

¿Ya la vieron? Si no, no dejen de hacerlo. Realmente me sorprendió que los críticos de la Academia de Ciencias y Artes de Hollywood consideraran a una cinta como “Slumdog millionare”, titulada en México “Quisiera ser millonario” para otorgarle las principales estatuillas doradas de la comercialmente poderosa industria estadounidense del cine y el entretenimiento.

Quienes ya la vieron compartirán quizá mi sorpresa. La co-producción de Bollywood y el arriesgado director inglés Dany Boyle, no es para nada una película de lo que comúnmente llamamos “hollywodesca”. Sí es cierto que tiene un final feliz, donde los protagonistas vencen a la adversidad y las penurias y logran al final fundirse en un abrazo en una estación de trenes donde se dan un beso que ya entró en la lista de los míticos, románticos y apasionados besos del cine de todos los tiempos.

Pero detrás de esa envoltura de caramelo hay toda una historia cruda, descarnada y realista de varios problemas que padece la India, pero que, por desgracia, nos son totalmente familiares en México: la explotación infantil, los niños de la calle, la pobreza más extrema, los abusos policíacos, la tortura, la discriminación racial y de condición social, la intolerancia religiosa, el poder de los medios y la fama como forma de ascenso social, el crimen organizado, la corrupción, el capitalismo más salvaje y, sobre todo, lo difícil, casi heroico, que es sobrevivir y salir adelante en una sociedad con todas esas complejidades.

Toda es crudeza y un realismo que a veces no queremos ver cuando vamos al cine a relajarnos, van acompañados de una magnífica narración --casi de cuentacuentos-- de un ritmo trepidante en la edición y de un montaje impecable, sin dejar de mencionar la excelente música, que hacen de esta un película que al principio incomoda y angustia (porque toca la conciencia) luego enternece (porque muestra que detrás de esos niños abandonados que a diario vemos en la calle hay un ser humano con sueños y ambiciones) y al final alegra porque muestra que a pesar de todo, de la dura realidad y los problemas que a veces nos golpean, siempre queda la esperanza

Así de romántico y poético me puse cuando salí la otra noche del cine y pensé proponerles este tema, pero en el camino se atravesaron el IFE y sus consejeros, con su monumental torpeza y nos contaminaron este viernes de relax que quería proponerles.

Y nada que, como en aquella cinta, que exhibe claramente como en un país empobrecido –que bien pudiera ser el nuestro— la idea de “ser millonario”, de volverse famoso por la magia de la televisión, de dejar de ser algún día uno más del montón para volverse alguien pudiente y con poder, como los que gobiernan, los que hacen negocios o los que manejan a los medios, en México también tenemos nuestro concurso de “Quién quiere ser millonario”.

Sólo que aquí no es un programa de televisión, sino una institución, supuestamente “ciudadana” que ha sido asaltada por un grupo de interesados partidos y consejeros rapaces que, con la vieja máxima de “la democracia cuesta”, saquean el erario e intentan volverse millonarios.

Porque aunque ya recularon y, obligados por la indignación social que despertaron, los consejeros del IFE quedaron exhibidos en toda su dimensión cuando se les ocurrió siquiera pensar que podían darse un aumento de casi el 100% de su ya oneroso salario, para pasar de ganar 174 mil pesos mensuales –una cifra que la inmensa mayoría de mexicanos no ha visto ni verá junta en su vida— a ganar 330 mil pesos mensuales, más bonos, autos de lujo y otros gastos.

¿A quién pudo ocurrírsele semejante monstruosidad? ¿en qué pensaba Leonardo Valdez Zurita, el presidente del IFE y su secretario Ejecutivo, Edmundo Jacobo, cuando decidieron avalar, en la Junta General Ejecutiva del instituto el aumento en medio de la peor crisis económica que haya vivido el mundo y nuestro país incluido?

Aunque hayan tenido “sustento legal”, porque la Constitución establece en su artículo 41 que los consejeros del IFE tienen el mismo nivel de responsabilidad –y también de salario interpretaron ellos—, que los ministros de la Suprema Corte de Justicia, lo que intentaron hacer es un atraco, un robo, un asalto, una ofensa y una bofetada a millones de mexicanos que se parten el alma todos los días para ganar apenas lo suficiente para sobrevivir.

Qué bueno que rectificaron y que los nueve consejeros rechazaron el aumento. Pero todavía ayer que salieron a leer un escueto comunicado donde reconocían que “el país no es ajeno a los estragos de la crisis”,hubo un dejo del cinismo y la preavaricia que los llevó a tomar tan grotesca decisión: Leonardo Valdez aclaró que la mayoría de los consejeros habían respaldado inicialmente la decisión del aumento "porque se apega estrictamente a lo que establece la Constitución. Por ello no cabe reconsideraciones sobre su validez legal".

No si nadie los acusó de violar la ley, sino de ser torpes, burdos e insensibles ante la realidad complicada que están viviendo la mayoría de los mexicanos. Se les tachó de insensibles, de traicionar su supuesto origen “ciudadano” para mostrar a cambio que sólo querían servirse del cargo y pagarse una cantidad que salía de toda lógica y de toda moral, aún cuando sea el sueldo que les marca la Constitución y lo que cobran los también inmorales ministros de la SCJN

En fin que éstos consejeros encontraron una vía más rápida y menos complicada para amasar fortuna. Mientras que a Jamal Malik, el simpático e iletrado jovencito que protagoniza la película en cuestión, le costó responder difíciles preguntas en un amañado concurso de televisión --con su durísima experiencia de vida como único apoyo— a los nueve consejeros del IFE sólo les bastó un poco de grilla, buenas relaciones, habilidad para venderse y por supuesto la bendición de los partidos políticos que los designaron, para cumplir el sueño de volverse millonarios. Así es la vida de dispareja.

El tema está en la mesa. Es de ustedes la palabra.

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